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Ordenes de la ayuda


I. Introducción
 Ayudar es un arte que requiere de un saber hacer, que se puede aprender y practicar y requiere del poder sintonizar con aquel al que se ayuda.  Lo cual significa que podamos entrar en contacto y  reconocimiento de aquello que, para aquel que pide ayuda, es verdaderamente significativo y no necesariamente  que hagamos lo que el otro piensa que le ayudaría y que debemos hacer por él. Sabemos que las personas que vienen en busca de ayuda, con frecuencia nos traen su queja, su problema, junto con sus ya elaboradas hipótesis de causas y razones de los mismos, como también de cual ha de ser la solución. Y es que es justamente toda esta elaboración que se ha creado alrededor de un evento  lo que  hace que se encuentren atrapados en el mismo. Así pues, en nuestra práctica se trata, de que nuestro hacer como ayudadores de otros, les permita  elevarse a una posición más amplia e  incluyente en su perspectiva. Esto hace a la  ayuda como profesión distinta a la ayuda que se da cotidianamente en las relaciones humanas.  En este tipo de ayuda desde el punto de vista de las constelaciones familiares, no es útil crear un vínculo con aquél a quien ayudamos, no es útil involucrarnos con él. El vínculo hace que perdamos la posibilidad de ayudar, puesto que perdemos la distancia necesaria para contactar con las necesidades reales del otro y lo importante al dar ayuda es tener la mirada fresca para encontrar el punto relevante que ha de tratarse y poder actuar sobre el mismo.
 La ayuda es un elemento natural y vital en el equilibrio de las relaciones humanas y todos los seres humanos necesitamos de la ayuda de otros y a la vez  los otros necesitan de nuestra ayuda. No somos entes individuales y es solo a través de la ayuda que se nos presta desde el mismo momento en que nacemos, que podemos desarrollarnos. Dependemos de ese haber tomado y recibido para crecer y desarrollarnos. Sólo en la medida que hayamos tomado de otros, estaremos preparados para dar y servir. Servimos y somos servidos y en el servir y ser servidos crecemos.  Así pues el servicio  no solo sirve al otro, sino que nos sirve a nosotros mismos y cuanto más servimos en el momento y las condiciones adecuadas, más recibimos.

II. Los cinco órdenes de la ayuda

1. El primer Orden de ayuda
 Solo podemos dar aquello que tenemos y solo podemos esperar y tomar aquello que realmente necesitamos. Se trata pues de ayudarlos con lo que realmente necesitan y no de la forma se nos pide o exige.
 De nada sirve dar lo que el otro no necesita realmente, ni tomar lo que no necesitamos. Como tampoco esperar de otros que nos den aquello que no nos pueden dar, porque no lo tienen.
Tampoco podemos tomar algo que otro no debe darnos, porque es a esta persona a la que le corresponde tenerlo y si lo tomáramos, le quitaríamos algo que solo  ella puede tener o llevar. Así pues dar, recibir y tomar  tiene sus límites.
 La ayuda ha de ser humilde. Es una ayuda que no espera nada y no se involucra en el dolor.
 Es importante tener en cuenta el efecto de determinadas palabras y pensamientos.
Lo fundamental en el trabajo es distinguir si aquello que hago fortalece o debilita a quien me pide ayuda. Todo aquello que fortalece es bueno. También la pregunta sería: “¿Lo que hago ante quien me pide ayuda me libera o me esclaviza?  ¿Hace libre a quien pide ayuda, o lo limita?

2. El segundo orden de la ayuda
 - Solo se puede cambiar aquello que las circunstancias permitan.
- Solo cambiará aquello que el cliente puede y necesita cambiar.
 La ayuda está al servicio de la supervivencia, del desarrollo y del crecimiento.
El que ayuda ha de tener en cuenta los muchos eventos externos que no pueden ser cambiados. Como por ejemplo: Enfermedades hereditarias, las consecuencias de sucesos o de deudas. Si estos eventos no son tenidos en cuenta la ayuda está destinada al fracaso.
También hay que tener en cuenta a la hora de ayudar, los eventos internos que están en juego, como son: el amor ciego, los mandatos sobre sí mismo y las implicaciones familiares sistémicas, vinculadas al pensamiento mágico de cada persona.
 La necesidad de muchos terapeutas de cambiar el destino de su cliente, depende muchas veces no de que el cliente quiera o tenga la necesidad de cambiar su destino, sino de lo insoportable que le parece al terapeuta la realidad del cliente.  En este caso si el cliente accede al cambio, lo hace por apoyar al terapeuta en su esfuerzo y el orden se invierte, siendo entonces el cliente el que ayuda y el terapeuta el que recibe la ayuda.
 A veces es difícil aceptar la realidad de que un cliente pueda ser peligroso para el terapeuta o para la familia o de que la muerte del mismo esté cerca. La realidad de que está expuesto a un destino implacable. Si estamos de acuerdo con este destino tal como es, la ayuda se puede dar. En vez de tapar las circunstancias reales, estas se miran mutuamente con el cliente y se encaran. Querer cambiar las cosas debilita tanto al que pide ayuda como al terapeuta.

3. Tercer orden de la ayuda
 Cuando estemos trabajando con personas adultas, la posición de ayuda útil es aquella en la que nos aproximamos al otro como lo que es: un adulto. Y en caso de que la persona no se encuentre en esta posición, acompañarlo para que la encuentre.
 Muchos psicoterapeutas y trabajadores sociales asumen a los pacientes como si fueran sus hijos e igualmente, muchas de las personas que piden ayuda van en busca de que quien les ayude se vincule a ellos como un padre o una madre.  Cuando esto es aceptado por el terapeuta, este se queda atrapado en una larga relación terapéutica en la cual pretende ser mejor que el padre o la madre del paciente y por otra parte genera una relación parecida a la que el paciente tiene con sus padres, en la cual pasa por muchas frustraciones y malestares, frustraciones y malestares que a partir del vínculo creado se transfieren al terapeuta. La actitud de desvalimiento por parte del paciente,  genera en  el terapeuta que lo asume en estas condiciones,  un efecto de transferencia y contratransferencia. Y es así como muchos terapeutas se quedan en medio de la transferencia y la contratransferencia dificultándole a aquel a quien trata de ayudar crecer, posicionarse como adulto que puede despedirse respetuosamente de sus padres y del terapeuta, con un objetivo logrado.
Otro aspecto que este vínculo terapéutico genera, es que el paciente gana control sobre el terapeuta, lo cual lleva al terapeuta a sentir malestar  y rabia o dicho de otra manera, frustración. La solución ante esto es hacer que el cliente sienta la misma rabia que se pueda estar sintiendo. Esto hace que el vínculo se rompa y  permite que recuperemos el control de la terapia y que nos posicionemos en el lugar que nos corresponde de ayuda y acompañamiento, liberándonos y liberando al paciente de nosotros. Muchas veces el arte terapéutico está en adelantarse al evento de malestar y frustración, provocando y confrontando al paciente y negándose a asumir la transferencia y contratransferencia.  Este es un concepto que puede ser muy chocante para aquellos terapeutas que basan su trabajo en los principios de  transferencia y contratransferencia, pero hace las terapias notablemente más cortas y eficientes.
 Sin embargo hay situaciones en las cuales es necesario que el terapeuta se coloque por corto tiempo en la posición del padre o de la madre del paciente y esto se hace particularmente cuando ha habido una ruptura temprana del vínculo entre padres e hijos, bien sea por muerte o separación temprana de uno de los progenitores. En estos casos se acompaña al paciente hasta el punto de ruptura, permitiéndole conectar con el abandono que lesionó el vínculo y acompañándolo  en la restauración del movimiento vincular perdido hacia los padres.
En estas situaciones, el terapeuta no pretende suplantar al padre o a la madre, sino que se posiciona durante el proceso como el padre o la madre, los tiene en cuenta y los mira con respeto en concordancia con sus destinos, sin ponerse por encima de ellos y sin vincularse con el paciente,  simplemente llevándolo  cada vez más hacia ellos.
 Cuando alguien se queja de su situación cuando era niño, está deseando que algo hubiese sido distinto a lo que fue. Si el terapeuta cae en este deseo y en la compasión, ambos quedan apartados de la realidad. Si consolamos y nos da pena lo que fue, caemos en la debilidad y esto no ayuda a nadie. Esto no quiere decir que no nos conmovamos cuando alguien ha sufrido una situación difícil.
Podemos acompañar a la persona en su dolor, pero aceptando lo que fue. Quien se queja pierde la fuerza y aquello que ocurrió fue en vano y generalmente está fijado en aspectos secundarios de la relación y está dejando de lado lo más importante que ha recibido, que es la vida. Aquél que se queja de su pasado, permanece niño, nunca será adulto. Se le pasa la vida ocupándose de un sin sentido y mueren de la misma manera. Para la vida los padres son irremplazables y perfectos. Ni les falta, ni les sobra. Han cumplido la tarea de traspasar la vida a la perfección. Si vemos a la humanidad y al mundo como tal, no hay nada más grande que el traspaso de la vida.  Y en el traspaso de la vida no hay fallo. Ante esto los padres siempre son perfectos.
Cuando aceptamos la situación de quien pide ayuda tal y como es, dando un lugar a sus padres en nuestro corazón, hemos generado con ello el primer movimiento de sanación que es la sanación de la imagen de estos padres dentro de nosotros mismos y con ello, quien ha  pedido ayuda gana fuerza para aceptar la situación en toda su magnitud. No tiene sentido trabajar con alguien que no está dispuesto a dejar atrás las formas infantiles de percibir la vida.
 En el caso del trabajo con niños es importante que los terapeutas no se posicionen en el lugar de los padres. Siempre han de acompañar al niño, sabiendo que los padres están detrás del niño y que ellos solo actúan en representación de estos. Si se lleva a los padres del niño en el corazón entonces el niño podrá confiar y aquello que hagamos podrá ser recibido por ellos.

4. Cuarto orden de ayuda
  La aproximación al paciente ha de ser sistémica y menos enfocada a lo personal. No construimos una relación personal con él.
-La empatía
El concepto de empatía como la conocemos, está regida por un modelo de cuidador. Un modelo padres a hijos. Este es un tipo de empatía que no ayuda realmente. La empatía que ayuda es aquella que es sistémica y que incluye a todos los miembros de la familia. Cuando miramos a la familia, entonces sentimos quien en la familia requiere en realidad de nuestra empatía, quien está olvidado o excluido. En la mayor parte de los casos el que menos requiere de empatía es el cliente y mi labor  es lograr que él sienta empatía por otros en vez de que sienta empatía de mi parte.
 En este caso hemos de tener en cuenta a todos los miembros de la familia, incluyendo aquellos que han sido excluidos, conscientes de la igualdad de todos los miembros del sistema. En cuanto tomamos partido por alguno de ellos, ya no podemos ayudar. No podemos estar en contra de los padres, o de la pareja o de la sociedad. Solo cuando todos son respetados con su destino y con sus implicaciones, nos mantenemos en el amor. Un prerrequisito para poder trabajar en la terapia es el de poder ir más allá de los propios sentimientos, de los juicios y poder mira a aquellos con quienes trabajamos de una manera filosófica. Uno de los obstáculos más grandes a la terapia es la preconcepción respecto al bien y al mal.  El terapeuta también hace una distinción entre el bien y el mal partiendo de sus propios valores creados, tanto a nivel familiar, como de su propia escuela terapéutica y al decirle a su cliente lo que es bueno para él, trata de volverlo miembro de su propia familia o de su propia escuela de pensamiento y así los alejan de sus propias familias. Un ejemplo de esto,  es cuando el terapeuta se une a su paciente en la queja ante sus padres y los juzga a partir de sus propios valores. Al hacer esto,  vuelve al paciente inseguro en relación a su propia familia.
 Si logramos apartarnos un poco de los criterios creados sobre el bien y el mal y mirar todo esto desde el punto de vista filosófico, entramos en un plano en donde no hay bueno o malo, en donde no hay familias mejores o peores. No hay destinos mejores, ni peores.  Si podemos asentir a este hecho, damos un paso hacia adelante en el cual acompañamos al cliente a asentir a su vida tal como es.
 Las situaciones en las que fácilmente tomamos partido, son por ej: Abuso sexual, violación, asesinato.

5. Quinto orden de ayuda
  Amor por cada ser humano tal como, no importa cuan diferente sea de mi. De esta manera el terapeuta le abre el corazón al cliente siendo parte de él. Aquello que se reconcilie en el corazón del cliente, también se reconciliará en su familia.
 Constelar a la familia conduce a unir aquello que estaba separado. Las constelaciones se encuentran al servicio de la reconciliación con la vida y  especialmente con los padres. Nos ponemos al servicio de todos sin hacer distinciones entre buenos y malos en la familia.  No permitimos las quejas, sea cual haya sido la situación.. En cuanto aceptamos quejas, estamos cayendo en posición de padres y el paciente de hijo.
Cuando un terapeuta se alía con su cliente en contra de algún miembro de la familia está al servicio del conflicto y de  la división, no de la unificación.

III. La buena manera de ayudar
 Esta manera de ayudar se diferencia mucho del tipo de ayuda que hemos aprendido. No intentamos inmiscuirnos en la vida de las personas, ni en los misterios del alma. Cuando nos inmiscuimos, el alma se retira. Aquí intentamos caminar con el alma. Dejamos que sea ella la que nos lleve a lo largo del trabajo y lo hacemos libres de teorías, de intenciones, de emociones y de la empatía tal como la conocemos. Nos ponemos en consonancia con el alma familiar y con la necesidad de la persona, otorgándole todo el espacio y el tiempo que necesite. Entonces esta alma nos muestra el camino y aparece la imagen que nos permite dar el siguiente paso.  Muchas veces la solución no es lo que aparece, sino el movimiento que lleva hacia la solución.
 No trabajamos con hipótesis preestablecidas, no pretendemos imponer respuestas al sistema. Vamos construyendo el trabajo paso a paso a partir de los movimientos que se generan. Es la misma constelación la que va abriendo el nuevo camino y la nueva mirada.
Dos maneras de aproximación
 La primera consiste en trabajar de manera activa a todo lo largo de la constelación y llevarla a una resolución.
La segunda consiste no en buscar la solución, sino el movimiento justo que permita ir solamente hasta el punto en el cual el alma del paciente toma el mando y suspender en este punto la constelación sabiendo que este movimiento es suficiente para que el trabajo interior continúe.
IV. Observación, percepción, comprensión, intuición y concordancia.
 La observación: es aguda y se basa en los detalles. Busca ser exacta y por esto es limitada.
 La percepción: necesita distancia, logra una impresión más amplia y general, ve los detalles en relación al entorno posicionándolos en su lugar. En relación a la observación es de campo, no es exacta.
Por otra parte entiende el significado de lo observado y lo percibido.
 No existen reglas absolutas ni generales para constelar, lo cual implica que estos 5 criterios no pueden ser tomados al pie de la letra. La atención y la capacidad de percepción han de ser nuestras compañeras de trabajo. No podemos guiarnos por patrones rígidos. Cada constelación es única y debe ser tratada como tal.
Me guío por la persona, sin pretensiones, simplemente percibiéndola de una manera amplía con la mirada puesta en la necesidad inmediata.
Esta percepción se da a partir de un estar centrado, abandonando pensamientos, intenciones, diferencias y miedos. Me abro a lo inmediato que me mueve desde dentro. Percepción y acción se unen para acompañar a la persona a dar el siguiente paso requerido.
 La comprensión: se encuentra por encima de la observación y la percepción y depende de ellas. Ellas tres constituyen una unidad indispensable para actuar y sobre todo para ayudar de manera adecuada.
 La intuición: que es el reconocimiento del paso que hemos de dar a continuación. El reconocimiento es general, la intuición lleva a una acción determinada.
 La concordancia: es una percepción más amplia y mucho más profunda. Ella requiere que yo entre en sintonía con el otro y pueda entenderlo. Para ello he de estar en sintonía con sus orígenes, sobre todo con sus padres, con su destino, sus posibilidades, sus límites. También con las consecuencias de sus actos, sus deudas y finalmente con su muerte.
 Estando en concordancia me despido de mis ideas, juicios, de mi ego y de lo que debo y tengo. Así entro en concordancia conmigo mismo y con el otro. Así el otro puede entrar en concordancia conmigo sin perderse y sin necesidad de sentir miedo. Igualmente yo puedo estar en concordancia con él sin perderme a mi mismo, permanezco en concordancia sin ponerme a expensas suyas, conservando la distancia que me permitirá percibir qué puedo o debo hacer para ayudarlo. Esta concordancia es pasajera y solo dura el tiempo que dura el movimiento de ayuda. Esta concordancia no pretende nada, se abre a la realidad del otro en toda su plenitud, sin buscar cambiar nada, con un respeto profundo por la vida, sin deseos de que le vaya mejor, solo acompañándolo en los movimientos de su alma, aun  cuando no nos guste mucho lo que hay o inclusive tal vez nos asuste.. Los deseos limitan, no liberan. Por esto cuando estamos en concordancia, asintiendo a lo que es, no hay transferencia y contra-transferencia. No hay relación terapéutica, ni se toman responsabilidades que corresponden a otros. Cada uno permanece libre y es a partir de esta libertad que es posible la ayuda.

V. La rueda grupal
 La rueda puede hacerse en grupos de hasta 30 personas.  Y  ella permite a cada uno de los participantes del grupo tener las mismas posibilidades de expresión. Nadie debe intervenir  para alabar o para menospreciar a otro. No es una rueda para generar diálogos o discusiones. Aquél que se expresa es libre  para decir lo que siente sin la intervención y las opiniones de los otros. En la rueda, solo interviene aquel a quien le corresponde y el terapeuta. Cuando alguien hace una pregunta por curiosidad personal no la contestamos.
 La rueda también es útil en medio del trabajo, cuando este ha sido intenso. Entonces aprovechamos una rueda rápido, para descansar y permitir que el grupo se ventile.

VI. El equipo de trabajo y el trabajo entre profesionales
 Hellinger recomienda que trabajemos individualmente. Cuando se trabaja con más de un terapeuta en el grupo, se corre el riesgo de que la relación entre los terapeutas se vea afectada y que terminen enfrentados por eventos que en realidad son proyecciones de los casos del grupo. Generalmente en un trabajo conjunto, hay alguno de los terapeutas que depende más del otro.  El trabajo en individual hace crecer al terapeuta, al igual que hacen crecer los errores que se cometen..
 En el caso de que haya  varios o muchos profesionales en el grupo, hay que tener presente que aquél que lleva el grupo es el que lleva la sesión. Debe evitarse en la medida de lo posible la intervención de otros profesionales a lo largo de la sesión-
Cualquier intervención que se crea pertinente podrá comentarse luego si fuese necesario. Hay que tener en cuenta que muchas intervenciones solo logran desviar la atención de aquello que es.
 Cuando los terapeutas son pareja, nunca uno de ellos debe supervisar el trabajo del otro. Pueden comentar y ayudarse en casos difíciles, pero no en relación vertical.
 En la medida de lo posible, no hay necesidad  de preguntar a un paciente que ya ha trabajado con otro terapeuta en constelaciones, qué ha salido hasta el momento o como ha trabajado. Cuanto menos sepamos, menos vamos a estar influenciados en nuestro hacer. Además de  esto cuanto menos nos involucremos en el trabajo del otro terapeuta y más respetemos lo que ha hecho o haga, mejor para todos. Involucrarnos en lo que no nos corresponde, sólo nos llevará al lugar equivocado.
 Es distinto hacer un trabajo en el cuales terapeutas se reúnen para  resolver juntos casos difíciles, lo que serían grupos de intervención, o cuando se llevan casos a supervisión. En este caso hay un beneficio para todos.
 La presencia de un terapeuta experto en un grupo llevado por un terapeuta con menos experiencia, es delicado, pues hará que la atención del terapeuta que lleva el grupo y la atención del grupo, se desvíen hacia el terapeuta más experto y limiten el trabajo. Todos hemos de cometer errores para poder aprender.

Órdenes de la Ayuda. Bert Hellinger.

Secretos de familia


Los secretos son algo no desvelado, cuyos integrantes son excluidos por todos los demás, no fueron vistos por nadie. A partir del momento en que alguien mira un secreto, con respeto y amor, lo incluye en el sistema. A partir de ese momento el secreto abandona su carga fatídica y se transforma en fuerza de amor para con los descendientes.
Otra cosa, un secreto necesita ser respetado, no investigado. Habla de la intimidad dolorosa entre dos personas. Por eso necesita ser respetado, renunciando a saber de qué se trataba. No nos concierne.

Pareja. equilibrio entre dar y tomar.

n la relación del hijo con sus padres, los padres son los que dan y los hijos, los que toman, y todo intento por parte de los hijos de compensar el desequilibrio entre dar y tomar entre los padres y ellos mismos necesa- riamente fracasa. Por tanto, los hijos siempre estarán en deuda con sus padres, y cuanto menos logren establecer este equilibrio, tanto más estrecha será su unión con los padres. Pero la misma deuda que les ata a los padres, también les impulsa a salir de casa, dado que desean probar sus capacidades y conseguir una descarga mediante su propia actividad. Así, pues, si e hombre le da a la mujer, o la mujer le da al hombre, de la manera que unos padres les dan a sus hijos, por ejemplo cuando uno de los dos le financia los estudios al otro, aquel que tanto recibió de su pareja ya no puede estar a un mismo nivel con ella. En consecuencia, aunque le deba la gratitud, por regla general la dejará en cuanto haya finalizado sus estudios. Sólo si le restituye íntegramente tanto los costes como los esfuerzos, puede recuperar la igualdad de rango y seguir con su pareja. 

El bajo continuo

Una relación de pareja se realiza como un concierto barroco. En lo alto suena una gran  variedad de bellísimas melodías, y de fondo, un bajo continuo que dirige y lleva las melodías,  dándoles peso y cuerpo. En la relación de pareja el bajo continuo reza así: «Te tomo, te tomo,  te tomo. Te tomo como mi hombre y me doy como tu mujer. Me doy como tu hombre y te tomo  como mi mujer. Te tomo y me doy con amor».

Tatuajes. Visión sistémica

Como lo dice el mismo Bert Hellinger los tatuajes normalmente representan a un excluido del sistema... con el cual el portador del tatuaje está identificado.
Cuando se le pregunta a los adolescentes que significa cada tatuaje, normalmente te dicen que representan a figuras importantes en su vida (madre, padre, hermanos) o bien acontecimientos importantes. En otras ocasiones dicen que representan a una novia(o) o una característica de su personalidad…en estos casos es importante buscar que novia o que novio del sistema ha tenido una gran influencia y ha sido excluido.
Es importante que los padres no critiquen los tatuajes en sus hijos, porque es una manera inconsciente de traer aun miembro del sistema que alguno de los padres se niega a ver o llevarlo en su corazón, en la misma medida que más se rechace el tatuaje en esa misma medida también sigue excluyendo a un miembro de su sistema y el hijo terminará siguiendo el destino del excluido.
En ocasiones son abortos previos al nacimiento del hijo y hay un duelo abierto en la pareja que han reprimido.
Los tatuajes también pueden representar un trauma imborrable tanto en la vida del portador como en el sistema familiar, un retorno a los fantasmas del ayer y una defensa ante el dolor psíquico que conlleva lo traumático y que permanece en la memoria celular del sistema, sujeto a ser sanado…no puede permanecer en el olvido.
La persona que se hace el tatuaje normalmente se siente completa con él, siente que ahora tiene algo que le faltaba y que lo diferencia. Es una manera lograr la independencia del sistema, porque está viendo lo que el sistema niega o quiere guardar como secreto. Y funciona para compensar situaciones de pérdida o de aspiraciones no cumplidas. Ayuda a regular tensiones internas y además para expresar afectos y honra a una situación o persona. Si tienes un tatuaje es importante preguntarte qué significa para ti ese tatuaje, ahora puedes darle un lugar a esa persona en tu corazón, respetando el destino del otro.
Cada día hay más personas que se hacen tatuajes, porque en la sociedad que estamos construyendo ya no caben más excluido, cada uno de nosotros lleva consigo su propia historia familiar que no quiere ser olvidada. Respeta que tus hijos quieran tatuarse e incluye en tu propia vida aquellas personas que han sido olvidadas, porque están tatuadas en tu ser y tu hijo no hace más que traerlo presente para que tú lo puedas ver. De ti depende el que te hijo pueda estar libre de implicaciones...mira a todo tu sistema familiar en inclínate con reverencia ante él, mirando todo sin juicio y aceptando a todos tal como son.

Escrito por Luz Rodríguez.

Los límites del dar y del tomar

Únicamente se debe dar tanto como el otro esté dispuesto a devolver a un nivel equivalente, o como sea capaz de hacerlo. Cuando uno da más de lo que el otro está dispuesto a devolver, el compañero se siente presionado, por lo que aún da menos. De esta forma, el desequilibrio va aumentando constantemente. Es una de las experiencias más dolorosas en una relación cuando uno se da cuenta de que el otro únicamente puede devolver una parte, o poco, en comparación con lo propio. O el otro devuelve algo diferente de lo que en realidad se necesitaría o desearía, no aquello que hace avanzar la relación. En un caso así, la persona tiene que conformarse con no dar más que el otro esté dispuesto a devolver. Puede ser que a través de este respeto, el otro empiece a dar un poco más por su propia iniciativa. Pero también puede ser que aquello que da siga siendo demasiado poco. En este caso, la relación se acaba. La relación de pareja requiere una cierta medida de dar y de tomar; sin esta medida se extingue.

La felicidad se experimenta como peligrosa

La felicidad se experimenta como peligrosa, porque nos convierte en solitarios. Lo mismo se aplica a la solución: se experimenta como peligrosa porque nos convierte en solitarios. Con los problemas y con la desdicha, sin embargo, nos encontramos acompañados.

Los problemas y la desdicha van unidos a una sensación de inocencia y de felicidad. La solución y la felicidad, en cambio, van unidas a una sensación de traición y de culpa. Por eso, la solución únicamente es posible cuando la persona afronta esta culpa. Si bien no se trata de una culpa razonable, se experimenta como tal. Por este motivo, el paso del problema a la solución es tan difícil.



Comprensión y acción

Aquel que tiene una comprensión con referencia a la solución posible o pendiente no debe actuar de inmediato. Eso es peligroso. Si por ejemplo durante una constelación se pone de manifiesto que los hijos deben ir con el padre, o deben ir con la madre, lo que sea, no debe procederse de inmediato. Porque sino quizás uno está enajenado de sí mismo. Lo que aquí ocurre en la constelación no le es ajeno al cliente, ya que es algo en donde él mismo también actúa. Ahí surge una imagen, y ahora esa imagen primero debe penetrar en el alma. Primero uno permite que actúe en el alma, y eso puede llevar mucho tiempo. Después de cierto tiempo repentinamente queda en claro cuál es la acción correcta. Se toma a la imagen en el alma y se le permite que allí actúe y se despliegue hasta encontrar la solución correcta, la solución definitiva. Repentinamente uno percibe muy claramente: llegó el momento de actuar. En ese instante uno actúa, no antes, porque sino quizás uno estaría actuando fuera de sí, sin conexión con la imagen porque todavía no tuvo oportunidad de actuar en el alma. Es posible que pasen meses antes de que se reúna la fuerza necesaria para actuar, incluso sabiendo qué es lo correcto.



EL MANANTIAL NO TIENE QUE PREGUNTAR POR EL CAMINO

Bert Hellinger

El amor del espíritu

¿Cómo se distingue el amor del espíritu del amor ciego e instintivo?
El amor del espíritu es una actitud. Acepta todo tal cual es, simplemente porque existe. El amor del espíritu desconoce el juicio que decide si algo debe existir o no. El hecho de que algo existe significa que fue pensado por un espíritu creador, tal y como es, y así es amado. El amor del espíritu, cuando nos abarca, se alegra de todo lo que existe y de cómo existe. El amor del espíritu es en el fondo una actitud que promueve todo tal como es. Está a favor de todo. El amor del espíritu es un amor creador que permite que todo tome el lugar que le corresponde y que lo defiende. Quiere que todo esté presente, así tal cual es. El amor del espíritu no se pregunta si algo tiene el derecho de existir. Para él, todo y todos forman parte de la totalidad, incluidos nosotros, tal y como somos.
¿Cuáles son las consecuencias del amor del espíritu en cuanto a nuestra actitud hacia todo? Asentimos a todo. Le dejamos el tiempo indicado a todo. No queremos ni extenderlo ni acortarlo. A nada le queremos quitar no agregar algo, en el sentido de querer mejorarlo. Fue creado por otra instancia y existe gracias a ella, tal y como es.
¿Se puede sentir este amor? ¿O sólo es pura existencia, un estar presente?
Una existencia que asiente, incluso a nosotros, tal como somos y asiente al tiempo asignado a nuestra existencia. Para el amor del espíritu no existe ni más ni menos pertenencia. Para él no existe ningún derecho mayor o menor de pertenecer. Para él, nada va más allá del existir presente. El amor del espíritu siempre se mantiene en movimiento. Se mantiene en un movimiento creador. De acuerdo con él, asentimos a este movimiento. Nos incluimos y dejamos llevar adonde sea que nos lleve, a nosotros y a los demás. En este movimiento siempre está presente con todo y en todo momento.

La consciencia espiritual
¿Cómo podemos saber si nos estamos moviendo en sintonía con el amor del espíritu?
Cuando nos calmamos internamente y hasta el extremo último. Nos sentimos intranquilos si queremos otra cosa que este movimiento. Al perder la calma, sentimos que el amor del espíritu nos abandona. Nuestro viaje creador con él se detiene, por lo menos en nuestro sentimiento. Sin embargo, no es posible que podamos caer, ni nosotros ni nada que esté presente junto con nosotros. En el amor del espíritu estamos sostenidos por una consciencia propia que nos permite percibir en todo momento si estamos en sintonía con él.
A diferencia de la consciencia, que percibimos como culpa e inocencia, la conciencia espiritual se siente como calma o inquietud. A veces esta inquietud la sentimos dolorosamente. El dolor va creciendo, conforme nos alejamos de la entrega hacia todo tal y como es. Esta consciencia nos mantiene en el sendero. A pesar de que no sentimos de ninguna manera el amor del espíritu en nosotros, como amor, ya que es espiritual, los demás lo perciben como si fuera un amor benevolente. Se sienten aceptados y bien en presencia de aquellos que lo irradian. A su alrededor, todo puede ser, así como es.

“La sanación. Un manifiesto para la salud y la vida en siglo XXI. Sanar y mantenerse sano.” Bert HELLINGER Ed. Grupo CUDEC; México 2011 pp. 51 a 54

Agradecer es sacar provecho


Agradecer es sacar provecho a lo que te dieron: vivir, disfrutar, servir, compartir.

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Todo lo que existe está pensado. Y por eso es así, exactamente como está pensado. ¿Pensado por quién? Por el Espíritu que lo piensa todo. Todo lo existente recibe su Ser y su Existencia porque él lo piensa, y lo recibe tal y como él lo piensa. Así, también yo soy pensado, tal como soy. Así está pensada mi vida, su principio y su fin. Así está pensado mi destino, tal y como se convierte en mi destino para mí y para otros. Ante todo, soy pensado tal como soy ahora, y estoy pensado para lo que se me presenta en este instante y lo que este instante tiene preparado para mí. También para lo que el instante me ofrece ahora, para lo que me exige ahora y lo que ahora me posibilita. Y siendo pensado así por el espíritu, ¿cómo me comporto? Me comporto de forma serena, confiado, recogido, seguro y expectante. Me comporto tal y como he sido pensado y para lo que he sido pensado. Me comporto pensante, pensante tal y como el espíritu ahora piensa de mí. Me dejo llevar pensante por su pensar, hasta que ocurre lo que él piensa y lo que yo pienso en consonancia y sintonía con él, y ocurre según él lo piensa. Así mi pensar se purifica, y se purifica todo lo que de esta forma comienzo pensante y pensante lo acabo. Este pensar, ya que está pensado desde otro lugar que no es aquí, me hace extenso, me expande. En consonancia con este pensar permanezco sin preocupación, sin temor, alegre y con dedicación. Me permite estar en el instante, sin mirar hacia atrás, a lo que ya fue, y sin adelantarme en el ahora, como si lo que viene ya estuviera antes de estar pensado, pensado de tal forma que puede ser. Así, pensado, estoy en la plenitud, en mi plenitud, en la plenitud del ser.

BERT HELLINGER . Mística cotidiana.

Los órdenes del alma

La familia tiene un alma común y una conciencia común. Esa alma y esa conciencia cuidan tres órdenes fundamentales: El primer orden es: cada miembro del sistema, vivo o muerto, tiene el mismo derecho a pertenecer. Si dentro de ese sistema a algún miembro se le niega el derecho de pertenencia, por ejemplo mediante valorizaciones morales tales como: "Él es un canalla", o "El es un bebedor" o "Él ha tenido un hijo natural" o cualquier otra cosa que se diga acerca de él, eso tiene las mismas consecuencias. En ese caso hay determinadas personas que pretenden tener más derecho a pertenecer porque se consideran mejores. Pero el alma familiar no diferencia entre buenos y malos en ese sentido. Porque lo que llamamos el mal es sólo otro aspecto de la diversidad sobre la que puede erigirse el bien. Sin el mal no existe el bien. Una persona que es totalmente buena es terrible. O la persona que se considera perfecta es terrible. También es peligrosa. Aquellos que se consideran mejores son peligrosos. Estando cerca de personas que se consideran comunes uno se siente tranquilo y siente que forma parte. Cuando a algún miembro de la familia se le niega el mismo derecho de pertenencia, el alma familiar o la conciencia familiar trata de restablecer el orden mediante una compensación. Ese es el segundo orden fundamental que cuidan el alma familiar y la conciencia familiar. Por regla general, para ello, la conciencia familiar conecta a una persona nacida posteriormente con la persona que fue excluida de manera que lo reemplace - como compensación. La persona nacida posteriormente entonces sufre como aquél y se vuelve como aquél. A través de él, el sistema ahora tiene que enfrentarse nuevamente con el bien y el mal. Para esa persona nacida posteriormente la solución sería que reconozca la dignidad del excluido, o a aquel cuyo destino despierta miedo en los demás, motivo por el que lo excluyen y olvidan, como a veces mujeres que murieron en el parto. Reconociendo la dignidad de esas personas se logra la compensación. Así el sistema queda en paz y no es necesario que algún miembro posterior los reemplace. Eso entonces son los primeros dos órdenes fundamentales: el mismo derecho de pertenencia y la compensación por la pertenencia denegada. El tercer orden fundamental exige que aquellos que estuvieron antes en el sistema tengan prioridad ante los que se agregaron posteriormente. El alma familiar y la conciencia familiar entonces cuidan sobre todo el derecho de los anteriores y sacrifican a los que llegaron posteriormente como compensación. Si la prioridad de los anteriores es respetada, los posteriores quedan libres. Enfermedad y alma Según nuestra experiencia, ciertos acontecimientos como por ejemplo una separación temprana de la madre o un accidente que pone en peligro la vida o sucesos similares, más adelante no sólo tienen un efecto en el alma sino también en el cuerpo. En ese caso se puede intentar volver a sacar a la superficie aquello que en ese entonces causó dolor al alma y que está afectando al cuerpo para mirarlo, para reconciliarse con ese hecho asintiendo a él tal como fue para luego, ya en sintonía con el destino, buscar también para el cuerpo un alivio o una sanación.

Las Nuevas Constelaciones Familiares

Bert Hellinger necesitó miles de constelaciones para poder comprobar estos órdenes en todas las esferas de vida. Y entonces reconocer, que el proceder según esquemas y técnicas específicas sobran en la nueva forma de Constelaciones Familiares: Caminar con el espíritu. Estas Nuevas Constelaciones Familiares son, junto a la psicoterapia, de gran ayuda y alcance también en ámbitos de la vida que antes no habían sido considerados. Por ejemplo, en profesiones que tienen que ver con la sanación, en la educación, en la profesión y el trabajo, en el manejo del dinero, en la búsqueda de decisiones, alcanzan hasta un futuro lejano. Ese es el caso de la elección de una profesión, de la creación de una empresa, de la fusión de grupos de compañías y de grupos políticos. También cuando se trata de selección y de criterios para asumir una tarea de gran responsabilidad o de continuidad, sea en el ámbito de las ideas o en la esfera práctica; ya que en última instancia todo tiene que ver con seres humanos y las relaciones entre ellos. Con las Nuevas Constelaciones Familiares se evidencia, que se le puede ayudar a todos, al bebé, a la madre, al padre, al empresario, al político, al deportista, a vincularse en una relación donde algo se pueda unir, en vez de separarse. Se trata aquí de la aplicación de los órdenes básicos de la vida y del amor. Estas leyes tienden a unir todo aquello que se halle disociado y en discordia, a todo lo que se mantenga escindido en forma artificial se le permite reunirse y constituir una unidad. En el instante en que esto sucede y en el que la unidad reconoce a todo tal y como es, con respeto y reverencia, se convierten en portadoras de paz. Si estas leyes son reconocidas, respetadas y consideradas como fundamento de cualquier sociedad, entonces encaminan invariablemente hacia la paz, la reconciliación y el éxito. La Hellinger® Sciencia es por ello también una ciencia del éxito.

La salud espiritual


¿Qué es lo que nos enferma? ¿Cuándo enfermamos? Enfermamos cuando uno se desvía del movimiento del espíritu. Es decir, los movimientos del espíritu afectan por igual a todas las personas, nadie queda excluido del movimiento del espíritu. Y tampoco podemos excluir a nadie de los movimientos del espíritu. En cuanto lo intentamos, perdemos la sintonía, la concordancia con el movimiento del espíritu.
Pero el espíritu no nos abandona. Nos mira con benevolencia. También en lo que aparentemente hacemos mal, también donde aparentemente nos hacemos culpables. Solamente que en ese caso el espíritu nos lleva de una manera distinta. Vemos cómo nos despierta a la consciencia. ¿Cómo? Por ejemplo, mediante una enfermedad.
Entonces, la enfermedad está al servicio del movimiento del espíritu. A saber: un movimien- to del espíritu vuelve a traer, mediante el dolor, mediante el sufrimiento, a aquellos que hemos excluido.

Entonces en ese caso una enfermedad nos hace concientes para que nosotros miremos a aquellos a los que no queríamos mirar. Nos obliga a regresar a un movimiento del espíritu más abarcativo. Pero muy a menudo ¿que hacemos con una enfermedad? queremos deshacernos de ella. En lugar de permitir que esta enfermedad nos guíe como un movimiento del espíritu que nos quiere unir con alguien que hemos excluido o relegado, queremos deshacernos del medio de sanación. La enfermedad como medio de sanación. Quizás vuelva en la próxima generación, o en la siguiente.

Jornadas didácticas. Las dimensiones de la ayuda. 4-5 de julio de 2006 en Buenos Aires

Transgeneracional


El trabajo Transgeneracional de Bert Hellinger con las Constelaciones Familiares, nos muestra, más allá de las teorías, de una forma directa, experiencial que, muchos problemas "personales" que vamos arrastrando a lo largo de nuestra vida, tienen que ver con los asuntos no resueltos del clan al que pertenecemos: personas excluidas, ignoradas, muertes prematuras, enfermedades graves, asuntos de guerra, deudas, ganancias dudosas, pérdidas, vínculos dañados, mandatos familiares…etc.
El reconocer que somos parte de un sistema, nos permite ver que, por ejemplo, algunos problemas de pareja tienen que ver con lealtades a las mujeres de mi familia que no tuvieron a un hombre a su lado, ...que mi depresión tiene que ver con que miro a alguien de mi sistema que no tuvo un destino fácil...que mis fracasos en el trabajo tienen que ver con el amor que le profeso a mi hermano deficiente o muerto...e inconscientemente digo: "si tu no vives, no triunfas, yo tampoco.."...que mi baja autoestima está enraizada en el rechazo a mis padres...etc. Innumerables dinámicas familiares están tras los problemas "personales".
Y las CCFF resultan ser una herramienta muy eficaz para ir a la raíz del asunto de una forma muy clara, visual, y lo que es más importante nos muestra un camino de Soluciones.